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BÁSQUETBOL PARALÍMPICO Y ALTO RENDIMIENTO: ¿QUÉ NECESITA UN DEPORTISTA PARA COMPETIR AL MÁXIMO NIVEL?

hace un mes

¿Qué se necesita para representar a Chile en una cancha internacional cuando cada segundo, cada giro y cada lanzamiento pueden marcar la diferencia?

La respuesta está muy lejos de ser solamente talento. En el básquetbol en silla de ruedas de alto rendimiento, competir al máximo nivel exige una combinación precisa de preparación física, técnica, táctica, fortaleza mental, nutrición, recuperación, prevención de lesiones y, sobre todo, una enorme capacidad para transformar cada experiencia en aprendizaje.

Eso es precisamente lo que dejó para Chile la participación de las Selecciones Nacionales de FEBAPACH en los Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026: una experiencia internacional exigente que ahora se convierte en materia prima para construir el próximo desafío, los Juegos Parapanamericanos Lima 2027.

Valledupar 2026: cuando competir también significa aprender

Los II Juegos Parasuramericanos Valledupar 2026 reunieron a delegaciones de todo el continente y situaron al básquetbol en silla de ruedas como una de las disciplinas colectivas de mayor exigencia. El torneo contó con 144 deportistas, distribuidos entre las ramas masculina y femenina, y entregó cupos a Lima 2027 para los tres equipos que ocuparan el podio en cada categoría.

Chile estuvo presente con sus dos Selecciones Nacionales.

La Selección Femenina tuvo el honor de disputar el partido inaugural del básquetbol en silla de ruedas en Valledupar. El jueves 2 de julio enfrentó a Perú y cayó por 40-26. Posteriormente, Argentina derrotó a Chile por 50-22. En el partido por el quinto lugar, Bolivia venció a la escuadra chilena por 29-24, dejando a Chile en la sexta posición.

En la rama masculina, Chile integró el Grupo A junto a Colombia y Venezuela. Colombia se impuso 78-40, mientras que Venezuela derrotó posteriormente al conjunto nacional por 62-46.

El resultado puede parecer duro si se observa únicamente desde el marcador. Pero el alto rendimiento deportivo obliga a mirar mucho más allá.

Cada partido internacional entrega información sobre la velocidad de juego, la toma de decisiones, las transiciones, la resistencia, la eficacia ofensiva, la organización defensiva y la capacidad para responder bajo presión.

Valledupar no fue solamente una competencia: fue un diagnóstico competitivo.

Y todo diagnóstico bien utilizado puede transformarse en un nuevo punto de partida.

¿Qué exige físicamente el básquetbol en silla de ruedas?

La ciencia deportiva es categórica: el básquetbol en silla de ruedas es una disciplina de alta intensidad.

Una revisión científica publicada en el Journal of Strength and Conditioning Research analizó 16 estudios sobre las demandas fisiológicas y cinemáticas de esta modalidad. Sus autores encontraron que aproximadamente el 65% del tiempo de juego se desarrolla en zonas de frecuencia cardíaca elevada, mientras que el consumo de oxígeno alcanza alrededor del 70% del VO₂peak. Además, los estudios revisados registraron distancias recorridas de aproximadamente 2,6 a 5 kilómetros, con velocidades medias cercanas a 1,8–2,0 m/s y velocidades máximas de hasta 4 m/s.

Eso explica por qué un seleccionado nacional necesita desarrollar mucho más que habilidad con el balón.

Necesita potencia para acelerar, capacidad aeróbica para sostener esfuerzos, fuerza en el tren superior, velocidad de reacción y resistencia muscular para repetir movimientos durante todo el partido.

El entrenamiento debe parecerse a las demandas reales de la competencia.

No basta con entrenar durante horas. Hay que entrenar las capacidades que realmente determinan el rendimiento.

La fuerza: una herramienta decisiva

En un deporte donde los brazos son fundamentales para impulsar la silla, frenar, girar, lanzar, pasar y disputar posiciones, la fuerza del tren superior adquiere una importancia estratégica.

Un estudio realizado con jugadores españoles de básquetbol en silla de ruedas analizó un programa de entrenamiento de fuerza de seis semanas. Después de la intervención, los deportistas mejoraron significativamente su rendimiento en el press de banca, con efectos positivos tanto en jugadores con menor como con mayor afectación funcional.

La conclusión es especialmente relevante para el alto rendimiento chileno: la fuerza debe desarrollarse de manera individualizada, considerando las características funcionales de cada atleta.

No existe un entrenamiento idéntico para todos.

La clasificación funcional, la técnica de propulsión, la posición que ocupa el jugador, sus antecedentes deportivos y sus necesidades biomecánicas deben incorporarse a la planificación.

Velocidad, técnica y precisión: el talento también se entrena

¿Puede medirse objetivamente la habilidad de un jugador?

Sí.

Una revisión sistemática sobre pruebas de habilidades específicas en básquetbol en silla de ruedas identificó como capacidades especialmente estudiadas el pase, la velocidad, la agilidad, el manejo del balón y el lanzamiento. Entre las pruebas más utilizadas aparecen el sprint de 20 metros, pruebas de slalom, dribling con obstáculos, precisión de pase y lanzamientos.

Esto abre una oportunidad enorme para el desarrollo de las Selecciones Nacionales de FEBAPACH.

El rendimiento puede medirse.

Y aquello que puede medirse puede evaluarse, compararse y mejorar.

Un programa de alto rendimiento debe establecer indicadores objetivos para conocer cuánto progresa cada jugador y qué áreas necesitan mayor trabajo.

El desafío invisible: prevenir lesiones

Hay una razón por la que la preparación física no puede separarse de la medicina deportiva.

Los hombros, manos, cuello y columna están sometidos a una carga considerable. Una revisión sistemática que analizó ocho investigaciones sobre lesiones en jugadores de básquetbol en silla de ruedas encontró que el hombro fue la región corporal más afectada, con 22,1% de las lesiones, mientras que las extremidades superiores concentraron el 47,2%. 

Otro estudio prospectivo realizado durante una temporada completa de una liga de alto nivel registró 70 problemas de salud entre 60 jugadores, incluyendo 54 lesiones y 16 enfermedades. El hombro representó el 32% de las lesiones, seguido por cuello y columna cervical con 17% y mano con 13%. Además, las lesiones por sobreuso fueron más frecuentes que las lesiones agudas.

La enseñanza es clara:

entrenar más no necesariamente significa entrenar mejor.

Un deportista de alto rendimiento necesita recuperar, dormir adecuadamente, controlar cargas, fortalecer zonas vulnerables y contar con estrategias de prevención.

La disponibilidad del jugador también es rendimiento.

¿Y qué ocurre con la mente?

Hay una dimensión que ningún GPS, cronómetro o plataforma de fuerza puede medir completamente: la capacidad de competir cuando la presión aumenta.

Valledupar puso a los seleccionados chilenos frente a rivales de enorme experiencia regional. En esos escenarios aparecen factores como ansiedad competitiva, concentración, frustración, capacidad de recuperación después de un error y toma de decisiones bajo presión.

El alto rendimiento exige entrenar también la mente.

La preparación psicológica permite desarrollar rutinas, concentración, autoconfianza, regulación emocional y estrategias para afrontar situaciones adversas.

Porque en un partido internacional no gana solamente quien tiene más fuerza.

Muchas veces gana quien logra pensar con claridad cuando el partido se vuelve más difícil.

El equipo detrás del atleta

Ningún seleccionado llega solo a una competencia internacional.

Detrás de cada jugador existe un equipo: entrenadores, preparadores físicos, kinesiólogos, profesionales de salud, nutricionistas, psicólogos, dirigentes y familias.

El propio equipamiento forma parte de ese sistema. La investigación científica señala que la movilidad en silla, las variables biomecánicas y las características de tamaño y peso de la silla pueden ser factores determinantes del rendimiento.

Por eso, construir una Selección Nacional competitiva implica construir un ecosistema.

Un ecosistema donde cada detalle importa.

De Valledupar a Lima: el próximo objetivo

Los Juegos Parapanamericanos Lima 2027 se realizarán entre el 20 y el 29 de agosto de 2027 y reunirán a más de 1.500 Para atletas. El básquetbol en silla de ruedas forma parte del programa oficial y Lima representa una etapa fundamental del ciclo internacional rumbo a Los Ángeles 2028.

Para Chile, el camino comienza mucho antes de pisar la cancha peruana.

Comienza en cada concentración.

En cada sesión de entrenamiento.

En cada evaluación física.

En cada análisis de video.

En cada recuperación.

En cada partido de la Liga Nacional.

Y también en cada conversación donde un deportista decide que todavía puede mejorar.

La experiencia de Valledupar debe convertirse ahora en objetivos concretos: aumentar el volumen competitivo, fortalecer capacidades físicas específicas, perfeccionar la ejecución técnica, elevar la velocidad de toma de decisiones, prevenir lesiones y desarrollar una mentalidad preparada para escenarios internacionales.

El verdadero alto rendimiento

El alto rendimiento no significa únicamente correr más rápido, lanzar mejor o ganar partidos.

Significa construir un deportista capaz de sostener su rendimiento durante un ciclo completo.

Un atleta que conozca su cuerpo.

Que cuide su recuperación.

Que entienda su alimentación.

Que trabaje su mente.

Que conozca sus fortalezas y debilidades.

Y que tenga detrás una estructura capaz de acompañarlo.

Los resultados de Valledupar 2026 ya forman parte de la historia.

Ahora comienza otra etapa.

Una etapa donde cada aprendizaje puede convertirse en una ventaja y cada dificultad en una oportunidad de crecimiento.

Lima 2027 todavía parece estar lejos en el calendario. Pero para una Selección Nacional, el camino hacia Lima comienza exactamente hoy.

Porque los grandes equipos no se construyen el día de la competencia.

Se construyen durante todos los días que nadie ve.