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DE LA CANCHA A LA VIDA: CÓMO EL BÁSQUETBOL EN SILLA DE RUEDAS TRANSFORMA LA AUTONOMÍA Y LA CONFIANZA

hace un día

¿Y si una cancha pudiera convertirse en mucho más que un lugar para competir? ¿Y si cada entrenamiento ayudara también a recuperar confianza, autonomía, vínculos y una nueva manera de mirar las propias capacidades? Esa es una de las historias menos visibles —y más poderosas— que existe detrás del básquetbol en silla de ruedas.

En Chile, cada entrenamiento de los deportistas vinculados a FEBAPACH forma parte de un proceso que trasciende el marcador. La preparación para los próximos desafíos nacionales e internacionales exige rendimiento físico, disciplina táctica y fortaleza mental, pero también construye herramientas que pueden acompañar al deportista fuera de la cancha.

La silla deportiva deja entonces de ser solamente un instrumento para desplazarse. Se convierte en parte de una nueva relación con el cuerpo, el espacio y los demás.

Y la ciencia comienza a demostrar que ese impacto es real.

Mucho más que deporte

Un estudio publicado en Research Quarterly for Exercise and Sport en 2025 analizó las experiencias de 108 jugadores de básquetbol en silla de ruedas, pertenecientes a 10 selecciones nacionales de países de ingresos bajos y medios afectados por conflictos.

Los investigadores identificaron tres grandes dimensiones relacionadas con la calidad de vida: beneficios para la salud física, impacto psicológico y bienestar social. Los participantes describieron mejoras en su capacidad funcional, mayor sensación de libertad frente a las barreras de accesibilidad y una percepción más positiva de sus propias capacidades dentro y fuera de la cancha. También destacaron la camaradería y las relaciones construidas dentro del equipo.

La conclusión resulta especialmente significativa: para estos deportistas, el básquetbol no representa únicamente actividad física o competencia. Puede constituir una experiencia con efectos sobre distintas dimensiones de la vida cotidiana.

Por eso, hablar de básquetbol paralímpico es hablar también de autonomía, participación social, autoestima y pertenencia.

Cuando la confianza se entrena

La confianza no aparece mágicamente cuando un jugador consigue anotar una canasta: Se construye.

Aparece cuando aprende a controlar su silla. Cuando consigue desplazarse con mayor seguridad. Cuando descubre que puede defender a un rival. Cuando logra ejecutar una jugada que antes parecía imposible. Cuando escucha a sus compañeros alentándolo. Y también cuando comprende que puede asumir responsabilidades dentro de un equipo.

La investigación científica respalda esta relación.

Un estudio publicado en Adapted Physical Activity Quarterly examinó a 79 jugadores de básquetbol en silla de ruedas y encontró relaciones significativas entre distintas dimensiones de autoeficacia —incluyendo rendimiento, entrenamiento, resiliencia y control de pensamientos— y los estados afectivos de los deportistas. Los jugadores que mostraban mayor autoeficacia para superar barreras de entrenamiento también presentaban mayor confianza en sus habilidades deportivas.

En otras palabras, la preparación deportiva puede tener una dimensión psicológica profunda: aprender a superar una dificultad durante el entrenamiento puede fortalecer la percepción de capacidad para afrontar otras dificultades.

No significa que el deporte elimine automáticamente las barreras de la vida.

Significa que puede entregar herramientas para enfrentarlas.

Autonomía: una palabra clave

En el deporte paralímpico, la autonomía tiene una dimensión especialmente relevante.

No se trata solamente de ganar independencia física. También implica tomar decisiones, asumir responsabilidades, desplazarse con seguridad, relacionarse con otras personas y participar activamente en la comunidad.

Un estudio publicado en Disability and Rehabilitation comparó la participación y el bienestar psicológico de jugadores de básquetbol en silla de ruedas con personas con discapacidad que no practicaban este deporte.

Los resultados mostraron diferencias significativas en diversas dimensiones del bienestar psicológico. Los jugadores presentaron mejores puntuaciones en relaciones positivas, dominio del entorno, crecimiento personal, propósito vital y autoaceptación, además de una diferencia favorable en autonomía.

La investigación no demuestra que el básquetbol sea la única causa de esas diferencias —existen múltiples variables personales y sociales—, pero sí aporta evidencia de una asociación relevante entre la práctica competitiva y determinados indicadores de bienestar.

Ese matiz es importante. El deporte no reemplaza la rehabilitación, la accesibilidad, la educación, el empleo ni las políticas públicas. Pero puede ser un poderoso complemento.

Una cancha que también enseña a relacionarse

Hay algo que cualquier persona que haya observado un entrenamiento de básquetbol en silla de ruedas puede reconocer rápidamente: nadie juega solo.

El pase exige confianza. La defensa exige comunicación. Una transición requiere coordinación. Una victoria necesita cinco jugadores comprometidos. Y una derrota obliga a aprender colectivamente.

Ese componente social tiene enorme importancia.

Una investigación sobre personas con limitaciones de movilidad que practican deporte adaptado encontró asociaciones con autoestima, autoeficacia, sentido de pertenencia, participación en actividades significativas y bienestar físico. Los participantes también destacaron la influencia del deporte en la percepción social de las personas con discapacidad.

El equipo puede convertirse así en una red de apoyo.

El compañero que comprende una dificultad.

El entrenador que exige cuando corresponde.

La familia que acompaña.

El rival que respeta.

Y el público que comienza a mirar al deportista desde sus capacidades y no desde sus limitaciones.

El rendimiento también transforma

Sería un error pensar que el impacto positivo del básquetbol paralímpico depende únicamente de la recreación.

El alto rendimiento exige muchísimo.

Una revisión científica de 16 estudios sobre las demandas fisiológicas y cinemáticas del básquetbol en silla de ruedas determinó que aproximadamente 65% del tiempo de juego puede desarrollarse en zonas de alta frecuencia cardíaca, mientras que los deportistas alcanzan cerca del 70% de su VO₂peak. Las investigaciones revisadas también estimaron distancias recorridas de aproximadamente 2,6 a 5 kilómetros por partido y velocidades máximas cercanas a 4 m/s.

Por eso, detrás de un seleccionado nacional existe un proceso multidisciplinario.

Preparación física. Trabajo técnico. Táctica. Nutrición. Recuperación. Prevención de lesiones. Preparación psicológica. Análisis de partidos. Y una enorme cantidad de horas de entrenamiento.

Los deportistas chilenos continúan desarrollando estas capacidades mientras se preparan para sus próximos compromisos deportivos y para nuevos desafíos internacionales. Después de la experiencia competitiva acumulada durante 2026, el objetivo es transformar cada concentración y cada partido en aprendizaje para seguir elevando el nivel del básquetbol en silla de ruedas nacional.

Preparar el cuerpo también es proteger el futuro

Existe otro aspecto fundamental: entrenar bien significa también cuidar el cuerpo.

En el básquetbol en silla de ruedas, los miembros superiores soportan una enorme cantidad de trabajo. Los brazos participan en la propulsión, los cambios de dirección, los pases, los lanzamientos y numerosas acciones defensivas.

Una revisión sistemática que incluyó 753 jugadores encontró que 274 —el 36,4%— habían sufrido lesiones. Las extremidades superiores representaron el 47,2% de las lesiones y el hombro fue la región corporal más afectada, con 22,1%.

Estos datos explican por qué la preparación moderna debe incluir fortalecimiento específico, movilidad, control de cargas, recuperación y prevención.

El objetivo no es solamente llegar mejor al próximo partido.

Es poder seguir jugando durante muchos años.

La vida después del partido

Quizás una de las dimensiones más emocionantes del deporte adaptado aparece cuando termina el cronómetro.

El jugador sale de la cancha.

Guarda su equipamiento.

Se encuentra con su familia.

Regresa a estudiar o trabajar.

Participa en actividades sociales.

Viaja.

Conoce nuevos lugares.

Y continúa enfrentando desafíos cotidianos.

La investigación publicada en 2024 sobre participación deportiva en zonas afectadas por conflictos encontró que jugadores de básquetbol en silla de ruedas describían transformaciones en su autopercepción y en su sentido de pertenencia social. Algunos participantes señalaban que el deporte les permitió verse como personas capaces de hacer mucho más que jugar básquetbol.

Ese concepto resume una de las grandes fuerzas del deporte paralímpico:

la identidad de un atleta no termina en la cancha.

El desafío de seguir creciendo

El básquetbol en silla de ruedas chileno enfrenta todavía desafíos importantes: infraestructura accesible, financiamiento, equipamiento especializado, mayor cobertura mediática, formación de nuevos talentos y más oportunidades competitivas.

Pero también existe una generación que está demostrando que el potencial está presente.

Cada concentración nacional.

Cada partido de Liga.

Cada club que abre sus puertas.

Cada niño o joven que se aproxima por primera vez a una cancha.

Cada entrenador que decide especializarse.

Cada familia que acompaña.

Todo eso forma parte del mismo proceso.

La transformación no sucede de un día para otro.

Se construye entrenamiento tras entrenamiento.

De la cancha a la vida

Quizás esa sea la verdadera dimensión del básquetbol en silla de ruedas.

No solamente enseñar a competir.

Enseñar a confiar.

No solamente desarrollar velocidad.

Desarrollar autonomía.

No solamente buscar una victoria.

Construir pertenencia.

No solamente preparar atletas.

Abrir oportunidades.

La evidencia científica permite observar asociaciones entre la práctica deportiva, el bienestar psicológico, la autoeficacia, la participación social y la calidad de vida, aunque también muestra que los beneficios dependen del contexto y que el deporte no elimina por sí solo las barreras estructurales.

Por eso, cada cancha accesible, cada club, cada entrenador, cada competencia y cada apoyo institucional puede marcar una diferencia.

Y mientras los deportistas de FEBAPACH continúan preparándose para los próximos desafíos nacionales e internacionales, existe una certeza que va mucho más allá del resultado de un partido:

cuando una persona descubre que puede hacer algo que alguna vez creyó imposible, esa confianza puede acompañarla mucho después de que termine el encuentro.

Un camino que construimos entre todos

FEBAPACH agradece especialmente al Instituto Nacional de Deportes (IND) y a TEAM PARACHILE por acompañar y entregar un apoyo fundamental al desarrollo del deporte paralímpico chileno.

Nuestro reconocimiento también a MOLTEN Chile, MACRON, VITAL PULSE CHILE y GATORADE, fieles auspiciadores cuyo compromiso permite seguir avanzando y generando nuevas oportunidades para nuestros deportistas.

Porque el partido dura 40 minutos. Pero lo que se aprende, lo que se construye y lo que se transforma puede durar toda una vida.

Conoce más sobre el básquetbol paralímpico chileno en www.febapach.cl y acompaña todas las novedades de la Federación en Instagram @febapach.

La transformación comienza en la cancha. Pero no termina allí.